En 2022, la irrupción de ChatGPT marcó un antes y un después en materia tecnológica. Por primera vez, una máquina no solo procesaba información, sino que también: dialogaba, reflexionaba y creaba. Desde entonces, los docentes hemos sentido fascinación y temor, entusiasmo y desconfianza.
Coincido con los especialistas que afirman que la inteligencia artificial ya está entre nosotros. No se trata de decidir si la usamos o no, sino de proponer cómo la integramos en nuestra práctica docente. Como profesora de Didáctica y Currículum, pienso que la IA no reemplaza al docente: lo desafía a reinventarse, lo invita a combinar saber experto, pedagógico y digital para transformar la enseñanza y la evaluación[1].
Más allá de la fascinación tecnológica, necesitamos usar la IA con ética y creatividad, en el marco de un proyecto que forme ciudadanos críticos y responsables. El buen uso de la IA nos desafía a repensar el sentido de educar, a ensayar nuevas prácticas y a tomar decisiones basadas en enfoques pedagógicos actuales.
En esta primera entrega, comenzaremos a reflexionar sobre qué es la IAG y cuál es el salto de la IA predictiva a la generativa, en las próximas seguiremos explorando cómo la IA puede convertirse en aliada para transformar la enseñanza, siempre desde la ética, la creatividad y la pasión docente.
Durante años convivimos con la IA predictiva, capaz de anticipar patrones y comportamientos. Hoy, lo que nos sorprende es la irrupción de la IA generativa, que —a diferencia de otras tecnologías digitales— no solo procesa información, sino que posibilita dialogar, reflexionar y crear. La relación con la máquina parece y se siente similar a una conversación humana. Por primera vez, docentes y estudiantes pueden conversar y co-crear con una máquina.
Esto abre un abanico de posibilidades:
| IA Predictiva | IA Generativa |
La IA ofrece la oportunidad de potenciar el rol del docente, quien orienta, guía el diálogo crítico con la máquina, usa la herramienta como apoyo y aporta criterio, ética y sentido pedagógico. No podrá ser reemplazado.
Nos podemos preguntar: ¿Qué tarea de tu práctica docente podrías transformar con el apoyo de la IA, sin perder tu sello personal?
A diferencia de las plataformas y recursos digitales clásicos, la IAG no se limita a la simple presentación de lecciones, unidades de estudio o paquetes de actividades. También puede generar nuevos contenidos que se ajustan según el progreso, las necesidades y los intereses particulares de cada estudiante. Este potencial implica un cambio profundo en la forma de concebir los recursos didácticos y en el modo de desarrollar el proceso de aprendizaje con tecnologías[2].
Algunas de las contribuciones más destacadas de la IA son:
Estas posibilidades generan en los docentes reacciones encontradas: por un lado, la fascinación ante la promesa de resolverlo todo; por otro, el temor de ser reemplazados o quedar fuera si no la adoptamos.
La irrupción de la inteligencia artificial generativa no solo plantea desafíos técnicos, sino también dilemas filosóficos y pedagógicos:
Este dilema nos invita a reflexionar sobre:
Los especialistas coinciden en que la IA debe ser herramienta, no sustituto del docente. La clave está en no delegar el juicio humano. La IA puede procesar información, pero no tiene conciencia ni criterio. El docente sigue siendo el mediador que aporta sentido, valores y orientación.
Nos podemos preguntar: ¿Cuál es mi postura respecto de este dilema? ¿Qué dimensiones de mi práctica docente nunca podrían ser reemplazados por una máquina?
En general, cuando hablamos del proceso de enseñar y aprender, decimos que la IAG es una herramienta para el docente. Sin embargo, los especialistas coinciden en que no es una herramienta más: es una metatecnología que atraviesa todos los ámbitos de la vida social —el trabajo, la cultura, la educación, el arte, la política, la comunicación[3].
Por eso, no se trata de decidir si la usamos o no: ya está entre nosotros. La verdadera decisión es cómo la usamos.
Frente a este escenario, coincidimos con quienes sostienen que no es posible no usar la IA. Pero sí es posible —y necesario— usarla con sentido. Esto implica preguntarnos para qué, por qué y cómo la integramos en el proceso de enseñanza. Adoptar una mirada crítica, reconocer sus límites, sus sesgos y sus alucinaciones. Como toda tecnología, la IA debe madurar, y sus producciones deben ser acompañadas, supervisadas e interpretadas. La IA puede procesar grandes volúmenes de información en segundos, pero no tiene conciencia ni criterio. Es un sistema entrenado. El valor surge del diálogo entre el docente y la herramienta: cada uno con su rol, en una relación de colaboración, no de sustitución.
El buen uso de la IAG requiere coherencia entre las propuestas de enseñanza y evaluación, los nuevos enfoques pedagógicos y las demandas sociales, culturales y profesionales. En este sentido, podemos afirmar que, si bien los avances en la tecnología digital han provocado un cambio profundo en la forma de acceder y distribuir el conocimiento —en nuevos formatos para presentar los contenidos— todavía no han logrado ofrecer un verdadero salto cualitativo en términos de innovación pedagógica en la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación.
En muchos casos, los materiales digitales (libros electrónicos escolares y plataformas de contenido digital) se basaron en el enfoque tradicional de transmisión del conocimiento, presentando los contenidos en forma estática y estandarizada. Aunque se les añadieron funciones de búsqueda marcadores y anotaciones, la esencia de la experiencia de aprendizaje con TIC sigue siendo, en gran medida, la lectura lineal de contenidos y la realización de actividades o ejercicios, muy similar a la lógica de un libro impreso. La presentación de la información y la secuenciación de temas o lecciones mediante TIC continúa, en muchas oportunidades, basada en la visión del aprendizaje centrado en clases magistrales, con escasa adaptación a las particularidades de cada alumno.
En este escenario, la IAG generativa —si se diseña sobre la base de nuevas concepciones pedagógicas— ofrece posibilidades para elaborar propuestas de enseñanza que permitan:
Nos podemos preguntar: ¿Qué actividad de tu curso podrías enriquecer con IA para fomentar creatividad y colaboración, más allá de la repetición?
Este documento ha sido elaborado de manera colaborativa con distintas aplicaciones de IAG (ChatGPT, Copilot, NotebookLM). A partir de un primer borrador escrito por mí, comenzó un diálogo enriquecedor; sin embargo, en algunas oportunidades sentí que, si seguía todas las sugerencias, dejaba de ser autentica en mi manera de pensar y de escribir. Es muy tentador aceptar todas las propuestas de la máquina, pero corremos el riesgo de perder el control.
Debemos tener muy claro nuestro propósito, las características del contexto y algunos criterios básicos sobre los nuevos enfoques de aprender, enseñar y evaluar. Seguiremos reflexionando y escribiendo, en equipo con la máquina, sobre cuál es un buen uso de la IAG para transformar nuestra tarea.
Sigo pensando como profesora de Didactica y Curriculum que el ser buen docente hoy es muy complejo y difícil , por un lado se requiere competencias digitales , pero, por otro, fundamentalmente compartir un proyecto formativo y acompañar a nuestros alumnos en su proceso de aprender desarrollando distintos tipos de capacidades. Esto requiere saber experto en el campo profesional, saber enseñar, pensamiento crítico, inteligencia emocional, confianza, creatividad y pasión docente.
[1] Entrevista a Carlos Magro, Enlace 360. Innovación educativa, 2018, Transformar la educación , educar para transformar
[2] Manuel AREA MOREIRA https://www.academia.edu/144456013/Generative_artificial_and_digital_transformation_of_educational_resources
[3] Artopoulos Alejandro, 27 nov 2024 , “Entre fascinación y decepción, la tecnología como compañera del cambio educativo real. El caso de la IA generativa”, Secretaría de Educación Municipalidad de Córdoba el cambio educativo real. El caso de la IA generativa”